No hay nada malo en hacerse una foto con unas vistas de ensueño detrás, sobre todo si son las de las Islas Baleares, las perlas españolas del Mediterráneo. Lo que es diferente es que esa foto se haga viral, y el pie de foto del post invite a la gente a descubrir el lugar, fomentando la llegada de miles de turistas. Y así es como las cifras se vuelven insostenibles para los preciosos ecosistemas de estas islas.
Por supuesto, no son sólo las recomendaciones de los influencers las que mueven a las masas, sino que también pueden influir en miles de personas para que visiten los lugares recomendados. Baste un ejemplo concreto: «Caló des Moro en Mallorca: hasta 4.000 visitantes al día han acudido a la playa, que tiene capacidad para un centenar de personas». Un incentivo que puede marcar la diferencia, sobre todo cuando se trata de pequeñas realidades como las hermosas calas de agua turquesa y arena fina, morfologías típicas del archipiélago.
Ya en las últimas semanas, Baleares había anunciado una serie de «medidas de contención del turismo», entre ellas un aumento de la tasa turística y un nuevo gravamen sobre los coches de alquiler. Estos intentos pretendían limitar los efectos negativos del turismo de masas que azota las islas desde hace unos años.
Las autoridades baleares añaden esta nueva limitación y renuncian a los influencers y a la proporción de los lugares más famosos de las islas a través de sus canales. Una decisión a contracorriente pero más necesaria que nunca para limitar los daños del conocido como “turismo selfie”.
Como declaró un portavoz de la patronal turística balear a The Guardian: «Nuestra estrategia ha tenido un efecto completamente opuesto al que pretendíamos, y es contraria a la política del Gobierno para frenar el turismo».
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