Ambiente

La línea de ferrocarril más antigua de España se desmorona en el mar, literalmente erosionada por la crisis climática

La histórica línea ferroviaria que recorre la Costa Brava está a punto de ser engullida por el mar. La erosión costera avanza a gran velocidad y pone a prueba su existencia.

La línea ferroviaria R1 del Maresme, que une Barcelona con Blanes, es una de las más antiguas e impresionantes de España. Es famoso en toda Europa por sus impresionantes vistas al mar. Pero dentro de poco puede ser sólo un recuerdo lejano. De hecho, la erosión costera amenaza su existencia año tras año. Y los violentos temporales marítimos de los últimos días han causado tantos daños en las vías que la compañía ferroviaria Adif ha tenido que organizar autobuses de sustitución para los pasajeros.

Pero, por desgracia, no se trata de un incidente aislado. En 2020, la tormenta Gloria, que sembró la devastación y la muerte en territorio español, asestó un nuevo golpe a la línea ferroviaria que atraviesa la hermosa Costa Brava. Y para arreglar algunos tramos de las vías y reconstruir un puente, la empresa tuvo que gastar unos 12 millones de euros. Pero esto sólo puede durar un tiempo con intervenciones constantes. La situación está ahora fuera de control y el destino de la pintoresca línea ferroviaria, activa desde 1848, parece sellado.

La antigua línea de ferrocarril pasa por 16 municipios de la Costa Brava, con una extensión de unos 70 km, y en días laborables unas 100.000 personas utilizan el servicio. Y hasta 40 millones de pasajeros viajan en esta línea cada año, según informa la Surfrider Foundation Europe.El fenómeno de la erosión costera se ha visto agravado en los últimos tiempos por el acelerado ritmo de urbanización que afecta a la zona, la subida del nivel del mar (en los últimos 30 años ha aumentado 3,3 mm al año en la costa catalana), pero también pesa la presencia de nada menos que cinco puertos deportivos.

“Las corrientes marinas mueven la arena de norte a sur como parte de un proceso natural de regeneración de las playas, pero los muelles de los puertos deportivos actúan como trampas de sedimentos”, explica Joan Manuel Vilaplana, geólogo del instituto de investigación GeoRisc Observatori (que se ocupa de los riesgos geológicos en Cataluña), y subraya que añadir arena a las costas de forma artificial no puede ser la solución, además de costar mucho dinero.

Según el experto, la instalación de espigones no es una opción viable, no a largo plazo. Simplemente sirven de “amortiguador”.

“Estas obras de defensa son necesarias para aumentar la seguridad de la R1 y evitar posibles accidentes y choques de trenes a corto plazo, pero no son la solución definitiva y, en ningún caso, la alternativa al traslado de la infraestructura. Las soluciones difíciles, como los espigones, no hacen sino agravar el problema de la erosión, por lo que es peor el remedio que la enfermedad”, añade Vilaplana.

Para los expertos de GeoRisc Observatori, lo único que hay que hacer es trasladar la línea férrea.

“Mover la R1 es esencial para iniciar el proceso de adaptación de nuestro litoral a los nuevos escenarios de emergencia climática. Esto proporcionaría un servicio más eficiente y mejoraría la movilidad en toda la región”.

Si no se actúa a tiempo, la última parada de la R1 quedaría bajo el agua. Literalmente.

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