Los españoles que visitan Italia en verano, atraídos por su belleza y buscando refrescarse en sus playas, suelen sorprenderse de lo que es una auténtica anomalía en Europa: la importante «privatización» de las playas, con tramos de establecimientos de baño de pago. En realidad, las playas italianas son de todos, porque son propiedad del Estado, y por tanto deberían ser accesibles para todos. Sin embargo, desde hace varias décadas, el Estado las ha cedido a los particulares, que han convertido grandes franjas de las playas italianas en lugares de pago.
Según un informe de 2021 de Legambiente, cerca del 43% del litoral arenoso de Italia está ocupado por establecimientos de baño, y esta cifra se eleva al 50% si se cuentan también los campings y otras instalaciones. Los establecimientos de baño deben garantizar el acceso al mar -por ley-, pero de hecho esto rara vez se aplica y hay frecuentes abusos. Además, una amplia zona de la playa en la que se pueden adquirir sombrillas y tumbonas de pago sigue sin poder utilizarse. Por no hablar de las grandes zonas de playa que están valladas y son absolutamente inaccesibles por muros y edificios.
En España la situación es bastante diferente, y la «ley de costas» evita situaciones como la italiana, donde la mitad de las playas son inaccesibles a menos que se pague. Hay establecimientos de baño, pero no son comparables con los italianos en cuanto a extensión e importancia. Por eso, el español que viene a la costa de Italia se sorprende tanto: bañarse en el Belpaese puede convertirse en un auténtico calvario si no se quiere abrir la cartera y hay que averiguar cómo encontrar playas gratuitas.
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